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El niño y el carnicero

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Mensaje por Armando Lopez el Sáb Dic 22, 2012 11:57 am

El niño y el carnicero (fragmento)

Todo ocurrió hará unos 6 años. Era un martes 13 de enero. Era un día nublado y la niebla era muy espesa. Era tan espesa que era casi imposible ver a dos pasos.
Hacía mucho frío, y este aumentaba a causa del viento polar que soplaba y soplaría en los próximos días.

Eran las siete de la tarde cuando me fui a dar un paseo por el pueblo. Empecé a andar, cabizbajo, pensativo, supongo que por el colegio, ya que, se acercaban los exámenes y aún no había empezado a estudiar a pesar de que antes de navidad mi padre me hubiera castigado con severidad por haber suspendido 4 asignaturas y no haber superado el suficiente en las restantes excepto en matemáticas. Me había dicho que como no me esforzara y empezara a estudiar de verdad me castigaría de tal forma que no podría salir ni hacer nada que me apeteciera durante por lo menos un año, “un jodido año quiere ese cabrón castigarme por haber suspendido 4 putas asignaturas, esta loco” me dije muy bajito.
Ya hacía rato que estaba andando, sin parar, y en un momento dado se me pasó por la cabeza mirar por donde andaba. La sorpresa fue, que no sabía donde estaba, y eso que llevaba más de 7 años andando por esas calles. No lo entendía, “¿Cómo podía ser que no supiera donde estaba?”.
Continué andando con la misión de encontrar el camino de vuelta a casa, pero este camino no llegaba.
Llevaba más de una hora dando vueltas, pero parecía que eso era un laberinto.
Eran las ocho y media.
Continué andando por una calle muy estrecha, tenebrosa, con las paredes de piedra de vete tu a saber de que año eran.
Seguí recto hasta encontrar una minúscula placita, donde cerca se veía un bar, pero… ¡Que bar! Estaba a más de 20 metros y ya se olía la cantidad de mierda que debería haber dentro.
Mis predicciones eran correctas, estaba lleno de porquería por todas partes, hasta en el techo: humedades, restos de comida, trozos de vidrio…
Aparte de la gente que había allí dentro: borrachos, gente fumando porros y pinchándose, un gitano al lado de la puerta del baño (seguramente vendiendo droga), en fin, un repertorio de la gente con la que esperas no

encontrarte nunca, y mucho menos, tan cerca.
Se oían gritos, que provenían casi todos de la misma persona, un hombre alto con una gran espalda, un cigarro en la mano y una copa delante de él en la barra.
El del bar le dijo algo en el oído y se giro de repente como si buscara a alguien. Me miró. Supuse que me estaba buscando a mi, porque se dirigió hacia donde estaba yo plantado. Cuando estuvo delante mío me miro con seriedad y un poco de rabia. Hizo una calada del cigarro y me dijo:
-¿Qué coño haces tu aquí, niño?
-Es que me he perdido.
-Será mejor que te vayas de aquí muchacho.
-Es que me he perdido.
-Eso ya lo se pedazo de imbécil (dijo con agresividad, y logrando que me pusiera los pelos de punta), y yo no puedo hacerle nada, o sea que te lo repito por ultima vez, ¡vete de aquí! (gritó).
Me fui sin decirle nada más. Me senté fuera del bar en una caja vieja de madera un poco mojada.
La cara de ese tipo me era familiar pero no conseguía recordar de quien se podía tratar.
Allí estuve sentado más de veinte minutos, hasta que en un campanario tocaron las nueve. Me levanté para intentar seguir el sonido retumbador del campanario, pero era inútil.
A lo lejos vi un banco, me acerqué a él con la intención de pasar la noche.
Ya no tenía muchas esperanzas.
Dormiría allí, y por la mañana (pensé) sería más fácil encontrar el camino de vuelta a casa.

Me desvelé a causa de unos gritos muy fuertes que procedían de detrás de unos árboles. Me levanté y fui a mirar.
Me acerqué poco a poco para no ser escuchado, una vez allí vi algo horrible. Era él. El hombre del bar. Estaba descuartizando a una muchacha de poco más de veinte años, rubia, muy delgada y era bastante bajita, tenía la cara totalmente bañada en sangre y la camiseta escondía otro mar de sangre. Intenté acercarme un poco más para poder ver la escena mejor. Me puse detrás de un gran árbol con grandes arbustos delante, “aquí no me puede ver” (pensé) y me quedé allí mirando la descomunal escena de ese psicópata, porque no había otra palabra que lo calificara mejor que esa, estaba completamente loco y además se notaba muy nervioso, actuaba de una forma muy extraña, como si tuviera que terminar rápido por alguna circunstancia, estuve allí bastante rato observando el horrible acontecimiento, hasta que… Se giró y me miró directamente a los ojos, sentía la sangre correr por mis venas más fría de lo normal. Empecé a sudar. Estuvimos un rato mirándonos sin que ninguno de los dos reaccionara, hasta que arrancó a correr directamente hacia mi con cara de psicópata-asesino. Empecé a correr yo también, por un terraplén, como nunca antes había corrido. Podía sentir sus pasos a escasos 10 metros de

mí. Aceleré. Aún corría más deprisa. Parecía imposible en mí, un niño que nunca había sido bueno en educación física estaba cabalgando como una gacela para escapar de un loco.
Miré hacia atrás, estaba más lejos, podía notar esa mirada, podía notar y descifrarla, significaba algo como… “cuando te coja, morirás.” Volví a mirar hacia delante, empezaba a estar cansado a causa del esfuerzo sobrehumano que estaba realizando, miré hacia atrás, me pareció que estaba más cerca de mí, eso hizo que me pusiera muy nervioso, tanto, que tropecé con una maldita piedra. Me intenté levantar de nuevo pero era imposible, la pierna derecha ya no me respondía, miré hacia atrás y ahí estaba, con un cuchillo y una sonrisa de película. Estaba a tan solo 2 metros de mí, se sacó un cuchillo del bolsillo, arrancó a correr, pegó un salto y…

Miré mi reloj, marcaban las 4 de la madrugada. Estaba sudando como un jodido cerdo a causa de ese jodido sueño. Estaba muy asustado, parecía real. “¡Creía que iba a morir en las manos de ese tío!” (pensé estrepitosamente) miré en mis pantalones y estaban mojados, y no precisamente de sudor, me había meado encima y no es para menos, ya que el sueño daba mucho de sí.
Cuando me recompuse intenté volver a dormir pero el solo hecho de pensar en el sueño me quitaba las ganas de golpe. “¿Quién diablos es ese tío?”.
Pensé y pensé, pero no sabía quien era, bueno, de hecho si. Le había visto antes, de eso estaba seguro pero, ¿donde?.




Autor: David budó
Armando Lopez
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Mensaje por Rosko el Sáb Dic 22, 2012 1:23 pm

Rosko
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