LA SANGRE, LA IDENTIDAD Y LA FUERZA

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Mensaje por Mundo Gotico-Eymar24 el Miér Ene 02, 2013 10:57 pm

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LA SANGRE, LA IDENTIDAD Y LA FUERZA
Ponencia presentada por primera vez en ZILELE DRACULUI. Una jornada a propósito del centenario de la obra de Bram Stoker. Buenos Aires, 1998.


Es muy probable que Bram Stoker se haya servido de estas dos figuras históricas para construir su personaje principal. Drácula tiene un doble anclaje desde el punto de vista del género: actúa por la noche, cuya imagen desde antaño tiene referencias ligadas a lo femenino, fascina, no seduce con su discurso, y el sometimiento de sus víctimas pertenece más al mundo de los sueños que al estado de vigilia; por otra parte, es un varón que seduce mujeres para absorber su sangre y despertar un placer erótico que ellas no sentían antes del encuentro con nuestro caballero. Lo masculino y lo femenino le dan una ambigüedad interesante. Esta síntesis ficcional remite a los dos personajes históricos citados (Sánchez Ferlosio, 1993: 31-37). Así es que, a partir de dos bestias humanas como Drácula y la Condesa sangrienta, se afirma la creación de uno de los grandes mitos del siglo XX

Permítasenos un breve excurso para esbozar una explicación del fenómeno. En la actualidad, el poder es uno de los conceptos que más ha hecho reflexionar a filósofos y pensadores. Aquí podemos plantearnos qué diferencia existe entre el poder y la fuerza. La fuerza es algo próximo y presente que invade lo cotidiano, nos saca de nuestro orden y de nuestra rutina.

Cuando esta fuerza dura un tiempo, nuestra conciencia deja de percibirla como tal. ¿Por qué? ¿Acaso desapareció? No, simplemente nos hemos acostumbrado a ella y, a partir de entonces, la llamamos poder. Ahora bien, recordemos otros personajes históricos y los hechos aberrantes de los cuales fueron responsables directos: los reyes merovingios hirvieron a un sacerdote que había osado hablar mal de la dinastía; los años de María la Sanguinaria se han destacado por el suplicio seguido de muerte que padecían los condenados durante su gobierno en Inglaterra; Catalina de Medici ordenó matar a miles de protestantes la noche de San Bartolomé; la conquista de América no fue el mejor documento de bondad humana que los países europeos pudieran exhibir, etc., etc. Los casos serían interminables. Pero entonces, ¿por qué Vlad Thepes y la Condesa sangrienta horrorizan tanto? Quizás sucede que el problema de esta gente haya sido el haber perdido su apuesta política, sin sostenerse en el uso de la fuerza por un tiempo suficiente para consolidar un poder. Para Vlad Thepes "la fuerza" era un estado de necesidad permanente. Gobernó con la violencia y lo recordamos como tal, porque precisamente nunca fue poderoso. Le faltó el tiempo suficiente para acostumbrar a sus súbditos. En cuanto a la condesa, ella no llevó a su gente a la guerra, la sometió por medio de la fuerza y de la violencia, pero tampoco fue poderosa. Simplemente vicaria del honor de sus antepasados y de su marido. De modo que la impronta de ambos sería el recuerdo de esa fuerza bestial que no alcanzó a legitimarse como poder; Stoker pudo así encontrar en ellos los prototipos del monstruo asesino, en apariencia inexplicable, pero que esconde, en realidad, el embrión de un ejercicio ilimitado del poder al cual nuestro espíritu, malgré lui, es capaz de reconocer como el centro de gravedad de las relaciones sociales y de la política.

2) Las fuentes del reverso
Este apartado de nuestra ponencia tiene por objeto presentar el revés histórico de un relato -nuestro Drácula- que apuntaría a probar, paradójicamente y al contrario de lo que propusimos en "las fuentes del anverso", la no-historicidad de la criatura de Bram Stoker. Pues, ¿hasta qué punto conoció el autor irlandés algunas vertientes dominantes y pertinaces de la cultura rumana, más allá de la historia y del mito de Vlad Thepes o del topos folklórico del nosferatu, del fantasma o del insomne muerto por violencia? Intentaremos mostrar que precisamente habría pasado inadvertida para Stoker la tensión religiosa constante en los principados danubianos desde el siglo XIV hasta el siglo XVIII, un desasosiego que tuvo un poder de impregnación en las culturas de élite y popular rumanas mucho mayor que aquellos puntos empleados por nuestro autor en su magistral híbrido decadentista del conde Drácula. (Caemos aquí en la tentación de ligar la obra de Stoker, no sólo a una línea literaria y cultural que procede del Frankenstein de Mary Shelley y de la poesía-pintura de William Blake, sino a la propia creación estética del fin del siglo XIX como la Saison en enfer de Rimbaud o el A rebours de Huysmans cuyo Des Esseintes es un noctílope semejante al conde de Transilvania).

El anti-Vlad

En primer lugar, recordemos a un actor de la Rumania del siglo XV que bien podría servir de contrapunto al voivoda Thepes de Muntenia-Valaquia: Nos referimos a Esteban el Grande (Stefan cel Mare), voivoda de Moldavia entre 1457 y 1504, quien hizo de la ciudad de Suceava su capital. Esteban luchó con denuedo y éxito contra los turcos. En 1474, derrotó a Solimán Bajá a las puertas de la ciudad de Vaslui y detuvo la ofensiva otomana. Consciente de que los turcos volverían muy pronto al ataque, dirigió una célebre carta a los reyes cristianos de occidente y al Papa proponiéndoles la resurrección del espíritu de cruzada y la reconquista de Constantinopla, sin dejar de subrayar que la nación moldava combatía "por toda la Cristiandad". Sólo el pontífice romano, Sixto IV, envió una respuesta: Esteban hubo de conformarse con recibir el título de atleta Christi, porque Europa no podía enviarle ningún auxilio en hombres u oro. El sultán Mahomet II en persona lanzó una nueva ofensiva en 1476, al mismo tiempo que los mongoles de la Horda de Oro invadieron el nordeste de Moldavia. Esteban cayó derrotado en Valea Alba, pero consiguió refugiarse en los Cárpatos y organizó desde allí la resistencia, muy dificultada por los sucesivos pactos de no agresión que celebraron los turcos con los húngaros, los polacos y los venecianos hasta 1489. Sin embargo, frente al ataque de Bayaceto II para exigir la sumisión y el tributo de Esteban, el voivoda consiguió un nuevo triunfo, casi milagroso, en la batalla de Scheia en 1486. Claro que, en 1492, Moldavia terminó por aceptar el pago de un tributo al sultán. El propio rey de Hungría, Luis II, reconoció entonces el coraje de Esteban y de sus hombres cuando declaró: "Terra illa et velut propugnaculum et antemurale tam regni Ungariae quam Poloniae" (Esa tierra es el escudo y el parapeto tanto del reino de Hungría cuanto del de Polonia) (1).

Stefan cel Mare basó buena parte de su política religiosa y cultural en la idea de que su país era el primer heredero de Bizancio y el destinado a preservar esa civilización. De allí el apoyo constante que el rey prestó al cristianismo ortodoxo y que sobre todo se manifestó en dos aspectos: i) el anudamiento de vínculos intelectuales y artísticos con los monasterios del Monte Athos, y ii) la construcción de iglesias y monasterios en la región de Bucovina, próxima a Suceava, una empresa que fue continuada por sus sucesores hasta el fin del siglo XVI. En ambas cuestiones, se advierte la presencia de un elemento apocalíptico que vale la pena señalar, por cuanto él podría haber alimentado atmósferas e imágenes cercanas a las de la novela de Drácula, pero que, en verdad, Stoker no parece haber conocido ni tenido en cuenta.
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Mensaje por Rosko el Miér Ene 02, 2013 11:44 pm

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