LA CRUELDAD DE UN LOCO

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Mensaje por Mundo Gotico-Eymar24 el Miér Ene 02, 2013 10:45 pm

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EL PERFIL DE UN SOLDADO O LA CRUELDAD DE UN LOCO
Ponencia presentada por primera vez en ZILELE DRACULUI. Una jornada a propósito del centenario de la obra de Bram Stoker. Buenos Aires, 1998.


Sobre la base de la documentación gubernamental, ya sea de ordenanzas, decretos o correspondencia oficial de la época, podemos seguir la historia política y militar de Vlad Drácula, gran soldado y estratega. Pero ya del siglo XVI proceden algunas fuentes panfletarias anónimas, de origen alemán, que fueron verdaderos best sellers en los comienzos del mundo moderno desde Brasov hasta Estrasburgo. Tales hojas sueltas se encuentran desde los archivos papales a los ingleses, aparecen en distintos lugares, diferentes idiomas, distintas fechas e incluyen la relación diplomática de un embajador ruso. El tenor de esas narraciones nos lo transmite el ejemplo siguiente, que es sólo el título de un panfleto:
"La aterradora historia de un MONSTRUO y FIERO GUERRERO llamado Drácula quien cometió actos tan reñidos con el cristianismo como matar hombres colocándolos en estacas, cortándolos en rebanadas como repollos, hirviendo a madres y niños vivos y obligando a los hombres a actos de canibalismo." (Mc Nally, Florescu, 1978: 142)
Textos como éste iban acompañados de grabados donde la figura de Drácula se veía en el acto de comer y rodeada de enemigos empalados o prisioneros descuartizados (pp. 143). Otro panfleto rezaba:
"Una vez hizo fabricar una olla enorme con dos manijas y sobre ella un aparato realizado con tablones agujereados, de tal modo que un hombre pudiera atravesarlos con su cabeza. Luego hizo que se encendiera un gran fuego bajo la olla e hizo echar agua en ella e hirvió a los hombres de esta manera." (pp. 143)
Su forma favorita de ajusticiar era el empalamiento. Se ataba al prisionero a dos caballos, después se le introducía una estaca, sostenida firmemente por sus servidores, que penetraba por el recto y las entrañas. Se trataba de que la víctima no muriera rápido, por lo tanto la punta de la estaca siempre era redondeada y aceitada. Pero cuando el empalamiento comenzaba por el ombligo o a la altura del corazón, la muerte era instantánea. Vlad había elaborado una suerte de código en este sentido. No se dejó conmover por las edades, por el sexo o la religión de sus prisioneros, llegó a empalar madres y lactantes, y se cuenta que lo hizo con las cabezas de los niños sobre los pechos heridos de sus madres (pp. 68-74). Otra de sus costumbres consistía en mutilar a las víctimas antes de empalarlas. Cortaba orejas, narices, órganos sexuales y extremidades, que luego obligaba a devorar a los propios amigos y parientes de los ajusticiados. Descuartizaba a la pobre gente en pedazos, a otros los quemaba, los despellejaba, muchas veces clavaba la gente a la tierra y la sepultaba viva. Sus crueldades alcanzaban extremos inimaginables, por ejemplo, una vez despellejadas las plantas de los pies de un prisionero les echaba sal y dejaba que alguno de sus animales las lamiera indefinidamente.

En varios panfletos encontramos alusiones a las costumbres sexuales de Drácula. Una vez, obligó a un soldado a comerle los pechos a su esposa; en otra ocasión, él mismo castigó a una de sus amantes que reclamaba el reconocimiento de un hijo abriéndole el vientre para ver si lo podía, en efecto, reconocer. Son muchísimas las anécdotas de este tipo, que abarcan incluso los períodos de sus cautiverios, cuando se dijo que había empalado a cuanto bicho caminara por su celda, ratas, gatos y perros. Semejantes costumbres dieron pie a que muchos psicoanalistas las interpretaran como una fijación en la etapa anal del personaje y la manifestación de su homosexualidad reprimida. Este tipo de lecturas presenta ciertas dificultades. En primer lugar, habría que aclarar qué podía significar ser homosexual en el siglo XV en la región del Este europeo. Debemos dudar, en cuanto historiadores, al hacer una interpretación tan anacrónica.

Sabemos que, a la par de sádico, malvado, Vlad Drácula tuvo un extraño sentido del humor y la justicia. Una de sus anécdotas más famosas es la historia de un rico mercader que, al pasar por Valaquia, fue asaltado y se dirigió a reclamar justicia al propio Drácula. El príncipe respondió al hombre que volviera en dos días y se le devolvería lo robado. Por supuesto que la suma fue recuperada, pero Vlad ordenó a uno de sus servidores que pusiera un ducado de más en la bolsa. Cumplido el plazo, volvió el mercader y Vlad le restituyó el dinero pidiéndole que, antes de aceptar nada, lo contara para ver si la suma era la exacta. El comerciante dijo que le sobraba un ducado. Drácula estalló en carcajadas advirtiéndole que ya lo sabía, pero que había querido probar su honradez. Y puesto que el ladrón había sido empalado por su denuncia, en el caso de haber tenido mala fe como el delincuente, el mercader también habría corrido aquella suerte. Evidentemente recurrir a Vlad era todo un riesgo (pp. 152-159). Pero bien, ¿por qué fue nuestro Vlad el elegido para una novela de vampiros?






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Mensaje por Rosko el Miér Ene 02, 2013 11:49 pm

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